Leche, arroz y citrus, tres producciones clave para Entre Ríos, desde la mirada cooperativa

10/11/2017 Los entrerrianos Daniel Kindebaluc y Claudio Francou y el correntino Nicolás Carlino brindaron un pantallazo de la situación que atraviesan esas economías regionales. Más allá de los números, los tres hicieron eje en la cuestión social y en el impacto que la falta de rentabilidad de esas actividades productivas tiene en la ruralidad. Danilo Lima / Dos Florines

Durante la presentación porteña de “El campo y la política III”, desarrollada el último jueves, se expusieron las situaciones de dos economías regionales clave para Entre Ríos: arroz y citricultura, que estuvieron a cargo del entrerriano Claudio Francou y el correntino Nicolás Carlino, respectivamente. Otro entrerriano, Daniel Kindebaluc, el presidente de la Federación Entrerriana de Cooperativas (Fedeco), expuso sobre la situación de la lechería, que en nuestra provincia es una economía regional.

En el panel también participaron Ricardo Vitale (frutihorticultura), Marco Giraudo (maní) y Mauricio Manresa, en representación de la Mesa de Juventudes de Coninagro.

 

Leche.

Kindebaluc aportó la mirada entrerriana sobre la lechería, cuyos productores, desde hace años, viven una crisis estructural que ha provocado muchos problemas al punto que no son pocos los tambos que han cerrado y los tamberos que se han visto obligados a liquidar animales y tierras y dejar la actividad.

“En Coninagro vemos con mucha preocupación, con mucho dolor, lo que viene pasando con la lechería en nuestro país”, dijo Kindebaluc, y recordó que “en 1999 teníamos una producción de 11 mil millones de litros de leche, mientras el año pasado se produjeron 10 millones de litros y ahora estamos creciendo un poco y tal vez lleguemos nuevamente a los 11 mil millones”.

Más allá de la cuestión económica de la lechería, que es obviamente importante, Kindebaluc hizo foco en la ruralidad y en la cantidad de gente que vive en el campo dedicada a la lechería.

En Entre Ríos “tenemos todavía la suerte de que el 15% de la población viva en zonas rurales y, por eso, siempre estamos trabajando para suministrarles las condiciones para que sigan viviendo en el campo”. En este marco, dijo, la lechería es una actividad a la que hay que sostener.

“Estamos trabajando en todos los ámbitos que podemos para comprometernos cada día más y hacer ver la problemática que enfrenta la lechería”, agregó el tambero de Seguí.

Kindebaluc sintetizó la problemática de la lechería en cuatro puntos. El primero, la demanda –tanto interna como externa– porque “siempre producimos mucho más de lo que consumimos, y si bien podemos producir todavía más, cada vez que sobra un poquito de leche se desploman los precios y volvemos hacia atrás”.

También hizo alusión a los enormes problemas de infraestructura, especialmente los caminos, a la necesidad del sector de conseguir financiamiento de largo plazo y a la alta presión fiscal que soportan los productores.

 

Arroz.

El también entrerriano Claudio Francou, presidente de la Federación de Cooperativas Arroceras Argentinas (Fecoar), a su turno, expuso sobre la realidad de esa producción regional y dejó algunos datos ciertamente preocupantes.

Francou destacó el dinamismo de la actividad arrocera y la incorporación permanente de nuevas tecnologías con el objetivo central de mejorar la cantidad y calidad de la producción.

Dijo que el actual precio internacional “es relativamente bueno”, cercano a los 500 dólares, pero subrayó que desde 2012 el sector empezó a perder competitividad”.

De la producción, que en la última campaña fue aproximadamente de 1.300.000 toneladas, un tercio se destina al mercado interno –el consumo es de 7 kg/ha/año– y los dos tercios restantes van a exportación. Para el sector arrocero, explicó Francou, “la exportación no es una opción sino que es una obligación”.

Ese saldo exportable, traducido a pesos, debido a los altos costos argentinos, “no nos está dejando una rentabilidad muy amplia y eso lo está sufriendo toda la cadena”, desde el productor hasta la industria.

Francou señaló que la cadena arrocera, básicamente, necesita medidas que apunten a la baja de los costos, y explicó el cambio que se viene produciendo en los últimos años: el 70% de la producción de arroz está hoy en manos de la industria.

Esta situación no se ha dado porque la industria quiera sacarle espacio a los productores, sino porque éstos, sobre todo los pequeños, han tenido que salir de la actividad ante la falta de rentabilidad, el desfinanciamiento y la falta de competitividad”. Lo más preocupante, según Francou, es que esos productores “difícilmente puedan volver a producir”.

La crisis sectorial se traduce en una menor producción y esto significa que la industria arrocera –la mayoría de los molinos se encuentra en Entre Ríos– tiene hoy capacidad instalada ociosa: se pueden elaborar 2,2 millones de toneladas y la producción es sólo de 1,3 millones.

Los problemas económicos y el clima, además, harán que en la campaña 2017/18 la producción, según la estimación del presidente de Fecoar, sufra una caída del orden del 15%.

 

Citrus.

Carlino, productor de Monte Caseros, provincia de Corrientes, habló de la citricultura, una producción que “vienen atravesando desde hace tiempo situaciones complicadas”. En los últimos 10 años, precisó, las exportaciones citrícolas “han caído entre 145 y 164%” en lo que se refiere a cítricos dulces, los que se producen en Corrientes y Entre Ríos.

Carlino les dijo a los presentes que no quería aburrirlos con números –que están en el documento– y que prefería enfocarse en otra cosa: “Para mí es fundamental que la gente y los gobernantes entiendan por qué queremos seguir siendo productores” en economías regionales.

“Yo tengo un legado, que viene de mis abuelos, quienes nos dejaron valores y principios, y nos enseñaron el trabajo, y eso es lo que nosotros queremos ahora enseñarles a nuestros hijos. Para eso es fundamental que se tomen las medidas políticas necesarias para que la gente, nuestros jóvenes, se queden trabajando en el campo”, reclamó.

El citricultor correntino, además, hizo alusión a una anécdota que, dijo, siempre cuenta. “A mí me hicieron debajo de una planta de naranjas, nací debajo de una planta de naranjas, vivo debajo de una planta de naranjas y pienso morirme debajo de una planta de naranjas”.

Carlino, asimismo, defendió enfáticamente los valores del cooperativismo porque “la participación y el rol social que tiene nuestro movimiento es lo que hace la diferencia a la hora de brindar las condiciones necesarias para que la producción siga creciendo en el país”.